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Reflexiones del Reino
Al termino de la conversación sacamos como resultado
que nuestra apariencia es la imagen corpórea con que
comunicamos, y queramos o no ponemos información en
evidencia, pero hoy por hoy no es una cuestión que
no quiera ser, más bien, existe una explosión
de apariencias, que las catalogo en distintos grados, según
el icono a seguir, o el modelo predominante.
Tratar de aparentar es un ejercicio cotidiano, que sea insertado
en la medula de una gran masa, que susceptible y abierta a
cuanto cambio se le ponga por delante, dará un paso
más en esta era del vació.
Las generaciones(70,80,90) posteriores al golpe del 73, caminaron
por un cimiento híbrido por años de culturas
foráneas, que pretendían responder a las dudas
de jóvenes que poco claro tenían el film, y
más aún pasan a ser el paradigma a seguir, la
justificación de mi existencia……...pura
basura retórica, sea instalado, y los “máximos”
la han recibido de brazos abiertos y brindis, que finiquitan
el acuerdo de relaciones entre países dominantes y
“conejillos de indias dominados”.
Y las modas vinieron a ser su quimera, a prologarse y radicarse
en el tercer mundo, lar que se caracteriza por descuidar sus
valores culturales para admitir a cuanto payaso se aparezca
con pomadas en distintas tonalidades. Y va la gente y le aplaude,
o lo escucha por la radio, o lo ve por la tele, o le aplaude
su canción, que hundida en clichés románticones
y morales posa en la cresta de la ola siendo lo más
requerido por esta pobre y aletargada gallada, que sin ni
una pizca de interés por recobrar su pasado, que a
un kilómetro de nuestras mentes yace tendido, pretende
insertarse en un futuro asqueroso, vano, carente de valores
propios.
Todo es adquirido, pero reconocer que pertenecemos a una
generación llena de deficiencias, con mártires
erróneos y paradigmas de lo barato, forjara un referente
a partir de su plena aceptación de cómo se es,
para plantear la evolución con base cultural sólida,
en la que puede culminar con una variada gama de vanguardias
que se generan a través de las propias experiencias
que se configuran en nuestro andar cotidiano.
Crear un universo propio, no jugar a ser dios, es solo buscar
un punto “G” donde el equilibrio forme la armonía
que circunvala el radio.
Y como diría el Cilantro:”el tiempo me persigue,
pero yo no le temo”
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