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Mi barrio

Mi barrio no es como cualquiera. En mi calle hay gay y heterosexuales, casi casa de por medio. En mi barrio hay grandes artistas y grandes mendigos. A veces me satura ver tanto carabineros cada vez que compro el pan, pero me tranquilizo por que sé que a veces hay gente con cuchillos que pasea por mi lado. Cuando tengo hambre ( eso es una de las cosas geniales de mi barrio) mi paladar hace un festín en mi boca, pues en mi barrio hay tanta variedad gastronómica. Por ejemplo, cuando despierto con aires proletarios, voy al primer carrito de sopaipillas o churros y me instalo frente a los de mi clase mientras me aseguro con la mostaza. Pero hay días en que amanezco con aires de princesas , y dedico varios minutos para elegir entre comida turca, mariscos, comida cubana o me voy derecho al lugar de las mejores pastas italianas. También sé que hay días que puedo despertar con ganas de ser artista, pero como la naturaleza no me dio esas habilidades, prefiero ser una más de los miles de observadores que se pasean por las lugares que mi barrio instaló, pero la diferencia es que yo no soy visitante, yo soy residente, y como residente sé que esas obras instaladas son tan mías como de sus autores. Si yo fuera niño, también querría mucho a mi barrio, pues me gustan sus plazas colmadas de juegos de colores, de vendedores de helados ricos y baratos, de teatro infantil y de mimos que se paran en medio de la calle haciéndonos reír mucho, sobre todo cuando se suben a los automóviles. A veces, me levanto con ganas de ser alternativa, no es difícil serlo en mi barrio, pues basta con hacer un recorrido por la manzana, para que te encuentres con docenas de chicos producidos para ser diferentes. Es divertido mirarlos, pues parece que detalle fue elegido para desviar las miradas nuestras hacia ellos, los alternativos. También tienen sus lugares kitch, esos sitios que cuando tú entras, si no estás con algún atuendo de alternativo, te sientes muy raro, por eso yo siempre llevo en algún bolsillo un arito que fácilmente puedo instalar en mi nariz .

Pero una de las cosas más entretenidas de mi barrio es codearse con los artistas, porque parece que a la gente de la tele le gusta mi barrio, sobre todo en un restaurante donde siempre conviven los ejemplares alternativos y los ejemplares televisivos. Justamente ayer mientras pasaba por ahí, me preguntaba que especie televisiva vería, si sería alguno de los egóticos actores que pasan metidos ahí, (yo me pregunto, ¿por qué no comerán en sus casas?) o si vería al ejemplar más clásico y permanente que conozco, un escritor que si no fuera por que la otra vez un taxista me contó que lo fue a dejar borracho a su casa, pensaría que vive allí. Es más , no hay día que no lo vea sentado en el mismo lugar con algún otro ejemplar de la fauna televisiva, yo creo que él me reconoce, es más, yo creo que él ya me considera su amigo. Pero se me olvidaba o más característico que dicen, tiene mi barrio: lugares para pasarlo bien. Y es cierto, la oferta es amplia, hay para todos los gustos. Pero lo más simpático de esta heterogeneidad, no es la gran oferta de estilos y lugares, lo entretenido es la oferta de seres. Por ejemplo, uno siempre despierta distinto todas las mañanas, a veces despierta más hippie que otros días, o hay veces que se despierta con aires de sound, o con aires electrónicos. Lo importante es saber direccionar bien la personalidad del día, por eso me gusta mi barrio, porque cuando despierto medio fashion me voy derechito al lugar donde voy a encontrar a los de mi especie, o cuando despierto más popular y me dan ganas de bailarme una buena cumbia, ya sé donde dirigir mis paso. Pero me pasó un día que desperté nostálgico, con nostalgias añejas de tiempos de tiranos, y me fui al lugar adecuado de esa personalidad, a la peña. Y el vino que me bebí me hizo despertar mi personalidad más intelectual, más jazzística, y me fui al lugar que le correspondía a mi personalidad intelectual del momento, y de nuevo el vino me hizo cambiar a una y otra personalidad , hasta que me recorrí todas las personalidades de los lugares de mi barrio. Pero no lo recomiendo, pues debo decir que fue agotador ser tantos seres juntos. Lo bueno de mi noche multipersonalidad, es que me codeé con toda la fauna que visita mi barrio, pero yo era distinto, porque yo era residente, yo no era invitado, y eso fue lo que traté de explicarle toda la mañana a los carabineros , pero ellos no entendieron, claro cómo ellos no son residentes.


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