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Una
día más…
Es difícil comprender los diferentes grados de rabia
que uno siente a través de los años, sea por
lo que sea, siempre es justificable sentirla y expresarla,
siempre que no dañes a otros.
Una mañana de Sábado, me reúno religiosamente
a ensayar con un grupo de amigos, somos cuatro hermanos en
total, ya que estoy involucrado en una banda de rock pesado,
pasión que nos une como banda, como amigos, como personas
y que nos motiva a llevar más allá ese mismo
género musical, explorando con nuestras propias manos,
sus propios límites y ya con un Ep en el bolsillo que
con mucho orgullo llevamos.
Entramos en la sala, propiamente adecuada y ambientada para
llevar a cabo nuestras sesiones y comenzamos a precalentar.
Algunos, ejercitando escalas cromáticas a diferentes
velocidades y otros, emulando acordes de temas preferidos,
temas que nos quitan el sueño por sus alucinantes solos,
redobles de batería o tresillos en bombo, por su apasionado
swing en la línea de bajo etc. Mientras tanto, comenzamos
a calentar las válvulas de nuestros cabezales para
que todo salga en orden y ajustamos los volúmenes,
y aún así, conversamos de lo que ha sido de
cada uno en la semana completa que brillamos por nuestra ausencia
y no nos vimos los rostros debido a que nos mantenemos ocupados
con nuestras vidas paralelas, muy diferentes unas de otras,
lo cual, no nos mantiene distanciados a la hora de tocar rock
en lo absoluto.
En esas dos o tres horas de ensayo, nos transformamos en
otras personas, nos transformamos en dueños de una
postura ofensiva contra el establishment, en agentes enajenados
por su propia rabia, cargados de una potencia inigualable
y una actitud transgresora, tocando nuestros primeros riff’s
de nuestras composiciones que nos solidifican como banda de
tomo y lomo y con su respectiva trayectoria dentro de la escena
nacional underground.
Quien nos viera durante la semana, cada uno de nosotros,
ocupándose de lo suyo, cursando típicas carreras
universitarias, siendo un buen hijo entre comillas, estudiando,
saludandos a tus amigos cordialmente y llevando una vida muy
normal. Es tanta esa normalidad semanal que llega a sonar
“freak”, pero son esos días de fines de
semana, que nuestras otras personalidades, y las que más
nos gustan y satisfacen, quedan libres.
Quizás somos todos, parte de toda una generación
que busca lo extremo, en todas sus direcciones. Una de las
vías, es la musical, y precisamente el rock y sus derivados,
que a base de sonidos radicalmente saturados, estructuras
cruzadas, cuerdas desgarradoras, gritos desquiciantes y principalmente,
complejas texturas musicales que huelen a mandril enfermo,
pero que aún así denotan una gran técnica
casi deportiva, aunque para otros, existe la pintura, el teatro,
el hip hop, la electronica, el graffiti, el skate, la pasta
base, el vodka, entre muchas más, cada una de ellas
con sus respectivas cualidades y aficionados.
Llenando las cuatro paredes de concreto de la sala de ensayo
con un fiero sonido e irresistible potencia, haciendo vibrar
el piso con un groove cargado de esteroides, damos rienda
suelta a un poder que trata de igualarse al de bandas de renombre,
como Pantera, Arch Enemy, Children of Bodom o clásicos
ya como Metallica, Megadeth, Motorhead o Iron Maiden por nombrar
los más frecuentes dentro de nuestras influencias directas,
una sólida musculatura dentro del rock mundial. Esos
fines de semana, cargados de autosuficiencia existencialista
y de odio-rabia o rabia-odio, hacen que uno se olvide de todos
los problemas que se te fueron formando durante los cinco
días hábiles pasados, como las malas notas,
las peleas familiares, los dramas con la “polola”,
las copas de más que te provocaron cometer alguna locura
inapropiada en el carrete pasado, la angustia de no poder
ser “libres”, las polémicas a diario entre
el chino Ríos o la Marlen Olivarí, el Longueira
y sus amigos, o la camada de Balleros que nos sacuden a diario
en todos los medios desde el matinal hasta las cero horas.
Toda esa porquería desaparecen a la hora de entonar
notas y destrozar tu garganta, escupiéndolo todo, reclamando
explicaciones que se te resuelven solas, ya que el entorno
sónico habla por si mismo.
Las gotas de sudor, comienzan a manifestarse con creces,
tus dedos resbalan de las cuerdas y ya no ejecutas a la misma
velocidad que al principio las escalas dóricas, las
baquetas se te resbalan o se rompen, ya que tu sensibilidad
se va opacando con la fatíga, la espalda ya no aguanta,
tus venas dilatadas como nunca, la voz se cansa y ya no sale
con potencia, pero ya quedaste conforme durante toda la mañana,
ya que las cosas van bien y siguiendo una tácita pauta
que tienes con tus pares, en ese momento, decides dejar momentaneamente
tu guitarra colgada, tus baquetas en el piso, los amplificadores
apagados, el microfóno en el atril, las hojas con letras
varias desparramadas y humedecidas con gotas de esfuerzo y
sacrificio en el piso y apagas las luces, cierras la puerta
y vas a compartir una cerveza al barrio de el Bosque en Providencia,
mientras dejas de ser músico y pasas a ser amigo, compañero,
confidente, soñador con tus pares, construyendo juntos
un futuro en común que día tras día,
te hace crecer en todos tus sentidos como reales.
En toda esa jornada, desataste toda tu rabia, contra todo
lo que te ha molestado, te molesta o puede que te moleste
en un futuro próximo, pero es hora de cerrar esa burbuja
y volver a tierra, donde los semáforos estan locos
y las bocinas de los autos cobran vida, transformandose en
una nueva cacofonía urbana que pasa desapercibida.
Aunque algunos, seguimos componiendo pasajes musicales en
nuestras mentes a la sordera de otros, echando de menos el
"jamming",pero algo te dice que volveras a lo mismo
la próxima semana, lo cual hace esperar excitado.
La rabia en nosotros, se ve reflejada en esa actitud callejera
de “ser más fuerte que todo”, pero seamos
honestos, el domingo a la medianoche, debes acostarte para
reponer energías, superar la resaca, leer las malditas
fotocopias y apuntes de tu abandonado cuaderno y comenzar
a pensar en que porquería le vas a decir a la profesora
que te pretende rajar en un ramo medular de tu carrera por
no saber lo pasado en la clase pasada. Todo esto, para seguir
siendo normal o “freak”. Aún así,
sigues siendo más fuerte que todo ya que vives en un
pueblito gris llamado Santiago.
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