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Ni Estado, ni Iglesia. Nosotros
decidimos.
Ley de divorcio: ¿Quiénes
deciden por nosotros?
A partir del spot publicitario de la Vicaria
de la Familia, sobre el divorcio y las cifras que este supuesto
“problema” traería a los hijos de padres
separados, es que surge la idea de abordar este tema desde
una perspectiva que involucre a quienes ha sido invisibilizados
del discurso: los y las jóvenes. Así, la idea
de este reportaje es abrir un debate que ha sido monopolizado
por una elite conservadora que busca imponer su noción
de familia, y con esto la idea de indisolubilidad del matrimonio.
De aquí nuestro interés en posicionarnos y escuchar
la voces ausentes (la de nosotros las y los jóvenes)
sobre las nociones de familia que queremos, defendemos y aceptamos.
Además de pronunciarnos ante el tema del divorcio y
la necesidad o no de legislar una ley de este tipo, que por
lo menos genere la posibilidad de ejercer nuestros derechos
como ciudadanos y elegir nuestra propia familia, decidiendo
por nosotros mismos respecto del matrimonio y la ruptura de
éste, si la situación se hace insostenible.
Una vieja y conservadora idea venida
del norte.
Se podría decir que la Iglesia católica funciona
como un Estado que asume su normativa como extraterritorial,
por lo cual las correspondientes embajadas/iglesias en cada
país se arrogan el derecho de intervenir en los procesos
que conducen a normar un territorio, y siguiendo esta lógica
los spots sobre el divorcio no son otra cosa: se trata de
una intervención ideologíca que busca influir
en ciudadanos y legisladores, con el fin de hacer valer los
cánones vaticanos sobre temas que refieren a las más
mínimas libertades individuales, como es querer convivir
con otro ser humano, y mantener dicho vínculo en el
tiempo.
Mas allá de lo problemático que resulta examinar
la relación Iglesia-Estado, lo que llama la atención
ha sido el contenido radical y falto de reflexión de
una campaña que sólo busca atemorizar sin un
fundamento claro y carente de toda objetividad.
Digamos que una cadena de tiendas comerciales publica ofertas
que el cliente nunca verá al acudir a la tienda. Según
leyes vigentes, tal caso no debería quedar impune pues
basta con que un sujeto denuncie el hecho en el SERNAC para
que la tienda comercial sea sancionada luego de una investigación.
Entonces, ¿Se podría sancionar a la Iglesia
por ofrecer publicidad engañosa, o por ofender a una
buena parte de la población?. No, no se puede pues
el contenido de los mensajes de la Iglesia responden a otro
juego: se trata del inmaculado campo científico, desde
donde se puede plantear casi cualquier cosa sin más
castigo que el desdén de los colegas.
Por esta “impunidad discursiva” es que en la
ciencia oficial y hegemónica siempre se juegan más
intereses que sólo los relativos a encontrar la “verdad
absoluta” sobre la realidad y darle una utilidad práctica.
Aunque fue imposible conocer la metodología que se
empleó para llegar a las inocuas cifras que el estudio
arroja, si es posible conocer más del personaje que
investigó el tema, como para darse una idea de la validez
científica (esto es la rigurosidad y objetividad) del
discurso que enarbola escudándose en la siempre asertiva
estadística.
Patrick Fagan es el nombre del psicólogo autor del
estudio. Fagan pertenece al Heritage Foundation, una asociación
vinculada a sectores hiper conservadores de Estado Unidos.
Es decir, estamos hablando de un personaje que como buen conservador,
adscribe a una teoría chauvinista del carisma norteamericano.
Elabora toda una apología de la libertad existente
en EEUU y la fundamenta en la familia “bien constituida”.
Señala que la libertad en América está
basada en la aceptación de los niños por parte
de sus padres biológicos, y argumenta que la “crisis
moral” que atraviesa EEUU se daría por la primacía
de la “cultura del rechazo” expresada a través
del “rechazo o ambivalencia en el compromiso”
que aumenta las cifras de las familias “mal constituidas”,
es decir, las familias no tradicionales. Por ello señala
el matrimonio como una solución y razón de Estado
para fortalecer los credos y las escuelas de fe. Fagan, textualmente
se refiere a los nacimientos de niños fuera del matrimonio
como un “cáncer” que socava los valores
de la sociedad. Además señala efectos tan terribles
de este cáncer que incluso según las duras estadísticas
que tiene para el divorcio, es mucho más conveniente
ser hijo de padres divorciados que haber nacido fuera del
matrimonio. Es más, para hacerse una idea de la cientificidad
de las motivaciones de este psicólogo, en su estudio
sobre el divorcio se pueden encontrar otros efectos que no
aparecen en la campaña de la Vicaría para la
Familia: los hijos de padres separados tienen una temprana
pérdida de la virginidad, ganarán menos dinero
en su vida adulta, rezan comparativamente menos y disminuyen
notoriamente su sentido de lo masculino y femenino. Revisado
sólo alguno de estos antecedentes, creemos que no queda
mayor comentario que hacer. Si quieres revisar más,
visita www.heritage.org.
El propósito de estos datos no es dañar a Fagan,
seguramente en su mentalidad medieval cree estar haciendo
un favor a su amada patria. Sin embargo, debe quedar en claro
que, mas allá del hecho que con estadística
se puede decir casi cualquier cosa, las estadísticas
empleadas en los spots de la Iglesia no provienen en rigor
de una motivación pura por investigar y problematizar
la realidad, sino por un afán militante y político
por imponer una visión y legitimarla a toda costa.
Además se debe tener en cuenta el hecho que la investigación
fue realizada en otra sociedad por lo que sus efectos, de
ser cierta, podrían no ser los mismo en estas tierras.
La validez científica de una investigación esta
en relación al marco temporal y territorial donde la
investigación se llevó a cabo.
Un argumento inmediato para contradecir los datos de la investigación
de Fagan se encuentra en la experiencia uruguaya sobre el
divorcio. El pequeño país rioplatense - más
cercano cultural y geográficamente a Chile que a EEUU-
cuenta con una ley de divorcio desde 1907, por lo que siguiendo
el mecanismo que plantea Fagan y el arzobispado chileno, Uruguay
debería llevar casi un siglo sumido en la drogadicción
, el alcoholismo y la delincuencia propiciada por familias
crónicamente destruidas. Al comparar los números,
se observa que las tasas uruguayas de alcoholismo, drogadicción,
violencia intrafamiliar y violaciones son comparativamente
más bajas que en nuestro país, donde las familias
están tan bien constituidas por no existir el divorcio.
Un dato para reflexionar.
El derrumbe y desmentido de un
discurso gastado y atemporal.
La ideología dominante a través de su discurso
oficial, representado en la figura de la iglesia, busca oponerse
a una Ley de divorcio y a su vez imponer la idea de familia
tradicional. Esto por distintos motivos y bajo el alero de
argumentos de tipo legal, moral e incluso económicos,
argumentos que en general se caen por su propio peso. Pero
esto no es antojadizo. Si uno analiza con mayor detención,
el interés de estos grupos es mantener su poder ante
decisiones que deben responder exclusivamente a quienes viven
dicha situación, restándonos entonces el derecho
a decidir sobre nuestras vidas y manteniéndonos aletargados
ante una hegemonía moralmente aceptable, donde por
supuesto el divorcio quedaría excluido de los márgenes
de aceptación de “una sociedad buena y correcta”.
Si tomamos el argumento que la existencia de una ley que
permitiera el divorcio incentivaría a las rupturas
matrimoniales y por tanto, a los divorcios, se puede contra-
argumentar que tal situación es una falacia, puesto
que es una opción voluntaria y que la ley que se está
planteando no rompe con los cimientos del matrimonio civil,
ya que los cambios no son realmente significativos.
Por otra parte, si se plantea que los sujetos no tenemos
la capacidad de elegir ni decidir por nosotros mismos y que
por tanto, es necesario que las instituciones nos digan lo
bueno y lo malo, se reflejaría que sólo buscan
quitarnos un derecho propio de cada ser humano: el de la libre
elección.
Finalmente, si el argumento esgrimido es de tipo económico,
referido al empobrecimiento de las mujeres divorciadas y a
la disminución de la calidad de vida de estas familias,
cabe señalar que ésta es una mirada paternalista
y patriarcal, equivocada para los tiempos actuales. Si bien
el esposo que se ha separado y tiene hijos en el matrimonio
debe seguir contribuyendo económicamente a éstos.
Por ello, en el caso de aquellos padres que forman nuevamente
familia sus ingresos deben ser repartidos entre ambas. Una
situación como ésta, haría pensar en
el empobrecimiento de la familia inicial pero es necesario
reconocer que hoy las mujeres son económicamente activas
y también contribuyen a los ingresos familiares y al
bienestar económico de éstas. Por lo demás,
un tema económico como este no debiera obligar a las
familias a vivir unidas en una mentira cuando ya el matrimonio
ha terminado.
De esta manera, los argumentos utilizado por aquellos que
se oponen acérrimamente a la existencia de una Ley
de divorcio y que intentan sesgar una discusión necesaria
en nuestra sociedad, son de una absoluta fragilidad, pues
olvidan a priori que hay decisiones que deben ser tomadas
por cada persona, y en donde no deben imponerse creencias
ni reparos morales.
Es lógico que nadie desea una sociedad quebrantada
o antivalórica, y en esto la existencia de familias
separadas o divorciadas poco y nada tiene que decir.
En nuestra sociedad ha convivido por décadas familias
unidas, hijos de padres separados, matrimonios anulados y
hasta el momento estamos “algo” distantes de ser
Sodoma y Gomorra. Está claro entonces: los cimientos
de nuestra sociedad no se derrumbarían con la promulgación
de una ley de divorcio, sí con un discurso sesgado,
estigmatizador y falto de todo argumento, bajo el cual la
Iglesia e instituciones conservadoras han sostenido su postura.
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Mentiras, nulidades y silencios
juveniles...
- Te pido que hagamos el trámite de la separación.
- Ningún problema, pero ¿cómo se
hace?
- Lo que entiendo es que el abogado debe comprobar que
ninguno de los dos vivía, al momento del matrimonio,
en la comuna en que nos casamos. En este caso como yo
era el que vivía en San Miguel, deberá
decir que no era así y que vivía en otra
comuna. Entonces el Oficial del Civil quedará
inhabilitado para efectuar el matrimonio y por lo tanto
lo declaran nulo.
- Es decir, ¡hay que mentir!
- Sí, no queda otra ¡hay que mentir!
De esta manera, en nuestro país
se resuelve una situación llena de humanidad:
que dos personas que en un tiempo de sus vidas decidieron
casarse, en otro momento decidan que ya no quieren seguir
juntos. Lo que se instala es una cierta lógica,
hay decisiones que tomas y que no puedes-debes cambiar.
Te casaste y también te cazaste. No puedes cambiar,
debes permanecer o si cambias debe ser dentro de lo
que ya tienes, no más allá.
Esta mentira se ha vuelto una práctica validada
por todos y todas, a pesar de que se sabe que es una
mentira. También se ha vuelto un mecanismo de
chantaje en el caso de parejas en que no hubo acuerdo
de separación y la decisión sólo
fue tomada por una de las partes. En ocasiones quienes
no estuvieron de acuerdo –y que posiblemente sufrieron
con la situación- ahora la utilizan para tomarse
una revancha, para cobrarse algo que creen que les corresponde.
Es así como muchas de esta anulaciones matrimoniales
vienen acompañadas de largos y tensos procesos
de negociación que incluyen pagos de dinero,
cesión e propiedades (casa, autos, etc.) y lo
que es más trágico, incluso se negocian
las visitas o tuiciones de hijos e hijas...
De existir otra modalidad, en que se acepte por ejemplo,
la ruptura unilateral, se evitaría que niños,
niñas y jóvenes queden expuestos a ser
usados como botines de guerra por quienes no logran
resolver sus conflictos con quienes deben hacerlo, es
decir su ex parejas, sin involucrar a otras y otros
que muchas veces se sienten partidos en dos por estas
tensiones.
¿Como jóvenes es posible decir algo ante
estas situaciones?. Aunque no te hayas casado, quizás
algún día lo hagas o quizás eres
hija o hijo de matrimonios separados. Es decir, este
tema –el tipo de legislación que regula
la ruptura matrimonial- es un problema social que también
te afecta y ante el cual, como joven, podrías
pronunciarte y opinar. Se necesitan ideas nuevas e intensas
en estos debates que el mundo adulto lleva muchas veces
al blanco y negro, olvidando los matices necesarios
de considerar. Ahí se podría hacer un
aporte juvenil relevante.
Salir del silencio. Sacar la voz, cantar lo que se
siente y piensa, grafitear lo que se vive y experimenta,
actuar lo que se propone, gritar lo que se quiere. Esas
voces juveniles son muy necesarias en este tiempo de
primaveras que no florecen.
Klaudio! |
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